Señas de identidad (I)

No me gusta hablar de mí mismo. Tampoco de mi empresa. No en el sentido presuntuoso del término. Me pasa como a esas personas que cambian de tema inmediatamente cuando han de hablar de ellas porque piensan que no resultarán interesantes y que aburrirán a quien le pregunte. Tal vez por esa mal desarrollada verguenza, me cuesta definirme, dar a los demás unas pequeñas pinceladas de lo que pueden esperar o de lo que pueden encontrarse en el trato personal conmigo.

Sin embargo, en un mundo como el de ahora, es muy importante darse a conocer, entablar relaciones, que tu nombre suene... Y si esto es básico en lo personal, resulta fundamental en el mundo empresarial. Cuando una empresa nace, es como un bebé. Está desprotegida, a merced de los depredadores. Es un objetivo fácil para los de su misma especie que ven en ella un potencial futuro enemigo. Y si nadie la cuida, si nadie le da el cariño y la protección necesaria, los peores augurios se cernirán sobre ella. Será un final rápido y cruel. Como en la naturaleza salvaje.

Lo primero que hacemos con nuestros hijos es ponerles un nombre. Los identificamos. Es una decisión muy importante, más de lo que a veces imaginamos. Lo que salga de esa decisión le acompañará el resto de su vida. Haga lo que haga, estudie lo que estudie, destaque o no, sea buen profesional o lo contrario, su principal seña de identidad será su nombre. Con las empresas pasa en mi opinión, algo parecido. El nombre de tu empresa es de las decisiones que una vez tomada, te acompañará siempre. Para bien o para mal. Nosotros elegimos llamarnos "SaberyGanar Consultores". Fue mi socia la que tuvo la idea, le vino la inspiración y dijo "¿Por qué no SaberyGanar?, al fin y al cabo, si vamos a ayudar a las empresas a que puedan obtener con total seguridad las bonificaciones de la FUNDAE, van a hacer exactamente eso: Por medio de la Formación mejorarán el SABER y con nuestra ayuda podrán GANAR desde una perspectiva económica".

Y así nacimos. Así fue nuestra más tierna infancia. Así nos hicimos padres, protectores y guardadores de ese bebé que recién nacía al mundo y ya tenía nombre. Lo primero que tuvo. Igual que con nuestros hijos. Pero pronto nos dimos cuenta que nuestro bebé no podía estar solito. Eso no era bueno. Pensamos que igual era buena idea apuntarlo a una guardería para que conociera otros "amiguitos" pero tampoco sabíamos muy bien a cual apuntarlo. Descubrimos que hoy día las guarderías para empresas se llaman "networkings": allí vas con tu bebé, conoces a otros papás con los suyos y si los papás (no los bebés) se caen bien se intercambian regalos. El mejor regalo que pueden hacerte en esos sitios es una cosa que se llama "tarjeta de empresa". Normalmente, cuando vas con tu bebé a una de esas guarderías, sales con muchos regalos (para ti, no para tu bebé) pero también con la sensación de que no han hecho ni caso a tu niña mientras que los otros papás no han parado de intentar convencerte de lo buenas que son las suyas. Sinceramente, tú sabes que has intentado hacer lo mismo. Y que no debes descorazonarte por ello. Al fin y al cabo, estás empezando la segunda etapa de las señas de identidad de tu empresa. Darla a conocer. Estás más perdido que un pulpo en un garaje, pero piensas que la estás dando a conocer. Y eso es fundamental para que el bebé crezca adecuadamente. Que lo conozcan. Queda mucho por hacer, casi todo. Eso sí, no os desaniméis si al principio no conseguís posicionar vuestra empresa. Tened en cuenta que la primera fase consiste, más que en darte a conocer, en ser capaz de conocer tú el mercado. Lo siguiente será, encontrar a quien te necesite. Pero esto es algo que intentaré explicar en el siguiente texto.

Manuel SánchezComentario