Señas de identidad (II)

ENCONTRAR A QUIEN TE NECESITE. Como dicen por mi tierra... "Casi ná". Creo que muchas veces lo buscamos incluso inconscientemente, instintivamente. Como el bebé que busca el pecho de la madre. Como personas, creo que nos pasamos la vida buscando eso. Como digo, sin saberlo, a veces sabiéndolo pero sin tenerlo claro, sin tenerlo siquiera como prioridad. Y no lo es, porque, aunque sea triste reconocerlo, a fuer de ser sinceros, nuestra prioridad somos nosotros mismos. En estos tiempos donde es fundamental ser "políticamente correcto" no quedaría bien exportar una imagen de egoístas, de insolidarios, de desentendidos de lo que ocurre alrededor. Eso no vende bien, pero en una gran cantidad de casos (no me gustan las cifras, no me creo los estudios que dicen que un % de españoles opina que...) es lo que pasa. Nos hemos acostumbrado a decir en público cosas que son las antípodas de lo que realmente somos.

Que bonito sería si fuese justo al revés. Encontrar al que necesitamos. No digo que no ocurra, imagino la cara de algunos que, si me leyeran, pensarían: ¡Pero que está diciendo este tío! Lo entendería, pero comencé esta aventura de escribir mis experiencias, para ser libre de contarlas como quisiera y el lector es tan libre de seguirlas como yo de construirlas. Pero ya me estoy yendo por las ramas y no debo. Yo creo, que cuando entablamos relaciones de cualquier tipo, el primer objetivo es averiguar como de compatible es la otra parte con nosotros. Como cuando vamos al Carrefour, a comprar tinta para la impresora de casa y miramos antes que nada si vale para la que tenemos. No me planteo si yo me puedo adaptar a mi alter ego, no. Inconscientemente, ya damos por sentado que serán los demás los que deban adaptarse a nosotros y no al contrario. Ya digo que habrá casos que no sean así, pero no creo que sean mayoría.

Esto, trasladado a las empresas, y aun más si son empresas de reciente creación, o de un tamaño pequeño, constituye la mayor causa de mortalidad infantil empresarial. Encontrar a quien te necesite. No es fácil, mejor dicho, es una auténtica amargura. Creo que hay ideas impresionantes, proyectos fantásticos, capacidades extraordinarias que pasan a mejor vida sólo por eso. Porque no encontraron a quien necesitaban. Saber encontrar ese mirlo blanco, supone en realidad disponer de un GPS que te conduzca con exactitud al lugar donde se encuentra, igual que mi Opel Astra. Pero al Opel le digo donde quiero ir y me lleva. En mi empresa, nunca tengo idea de donde tengo que ir. Escucho consejos de unos y de otros. Unos que si haz esto, otros que si haz lo otro. Un día mi socia y yo pensamos que un camino puede ser bueno, al día siguiente otro con el que hemos hablado nos ha quitado las ganas de intentarlo...

Al final, te das cuenta, o al menos es mi caso, que tienes que hacer camino. Pero no de cualquier forma. Nosotros elegimos ser selectivos. Pensamos sobre que terreno podía cada uno andar mejor. Si a uno le gustan las redes sociales, puedes intentar probar por ahí. Si tienes espíritu comercial, buena presencia y don de gentes, puedes intentar hacerte con una agenda de contactos. Si me habéis leído antes, ya sabéis que pienso de los networkings. No obstante, pueden suponer un inicio para conocer gente en tu misma situación. No esperes vender nada allí, si vas con esa intención, creo que te desilusionarás rápido. Pero sí pueden ser una fuente de posibilidades futuras. Nunca sabes que te espera en ningún sitio. Yo creo más en presentarte directamente en las empresas y, si te lo permiten, explicarles lo que haces. Yo soy admirador de los del Circulo de Lectores, que llamaban a tu timbre a cualquier hora e inasequibles al desaliento te ofrecían su producto. Y de mi madre, que con más diplomacia y educación que la que le suponía de niño, le repetía sin cesar: " sí sí, está muy bien pero ya le digo que no me interesa..."

Los tiempos han cambiado (Bob Dylan dixit) y ya no se ven a estos esforzados de la venta a domicilio. Pero sabían muy bien que llamando a 100 puertas, 1 o 2 como mucho les comprarían. ¡Que no daríamos todos por ese porcentaje de éxito! ¿verdad? Hay que llamar a las puertas, aunque tengan cerrojos echados, aunque sean blindadas, aunque abrirlas nos cueste tanto como abrir nuestro corazón a un desconocido. Sí, hay que abrirlas, o al menos intentarlo. Y ahí sí, ahí nuestras señas de identidad serán nuestro soporte, el nudo gordiano de lo que ofrezcamos estará en ellas, serán el espejo en el que nos vean aquellos que queremos que nos vean. Aquellos que pensamos que nos necesitan, aunque siendo sinceros, seamos nosotros los que les necesitemos. Y yo, a calzón quitado, digo que sí, que me interesa ganar dinero y me interesa bastante, claro que sí. No monté una empresa por espíritu altruista. Pero aquí, donde escribo lo que me da la gana, digo que no sólo por eso lo hice. Puede que esa sea la principal diferencia a la hora de distinguirnos de otros. Y os digo, que eso es muy importante para tener claras tus señas de identidad. La diferenciación. No sólo de producto, también de política empresarial. También monté mi empresa porque me gusta tratar con la gente, porque me esfuerzo en ayudar a todos los que me lo piden y porque me gusta hacer las cosas bien. Porque me gusta la cercanía con mis clientes. Porque la realidad es que aunque yo, en mis momentos tontos que los tengo y muchos, crea que son ellos los que vienen a buscarme, he de reconocer que soy yo el que los he buscado incesantemente. Como todos vosotros. Y sólo el hecho de que me hayan otorgado su confianza, me merece el mayor de los respetos y de los agradecimientos. Y porque soy así, y lo que yo soy, es el 50% de mi empresa. Y aprovecho para escribir, que el otro 50% es aún mucho mejor.

Manuel SánchezComentario