Yo tengo un banco

Pues si, como dice la canción... ¡yo tengo un banco! ¡yo tengo un banco, que me quita media vida y me jode to los dias y me dice ay que horror! ¡que poquito dinero ingresa, tiene usted la cuenta tiesa!... Pero... tenemos que tener uno. Como todos. ¿Quién no tiene un banco hoy? Pero igual creo que no he empezado bien, ¡vaya, igual que me pasó con mi banco! No quise decir que cualquiera pueda tener un banco, no, sino que todos tenemos relaciones con un banco, el que sea, otra cosa es que lo tengamos a nuestra disposición y necesidad. Que va a ser que no.

Yo no he tenido malas experiencias con los bancos. O al menos no tan funestas como he oído a otras personas. Tampoco las tuve buenas. Objetivamente, yo debería ser con los bancos como la lejía: "Neutrex". Subjetivamente, me reconozco débil: me encanta encontrar resquicios por los que sacar el Matamoros que llevo dentro y poner a parir a todo lo que se mueva. Pero como dice mi madre, siempre con  motivos. Y los bancos no es que tengan resquicios, tienen la falla de San Andrés a la altura de San Francisco. Y bueno, el mío... el mío anda cerca de colapsar.

Y es que, de todas las experiencias que me ha tocado vivir en mi faceta de empresario, la de tratar con mi banco está siendo la más desesperante de todas. Recuerdo como si fuera ayer, el día que abrimos la cuenta mi socia y yo. Queríamos un banco moderno, cómodo, asentado, ágil, con el que pudiéramos trabajar desde cualquier sitio, serio y sobre todo, que nos ayudara haciéndonos fáciles las cosas. Es posible, sólo posible, que fuéramos un poco demasiado exigentes. Pero el caso, es que prácticamente ha cumplido con casi todo lo que exigíamos. Me explico:

Como moderno, si que lo es. Nos cobra un dinero si no ingresamos una cantidad al mes, nos cobra una cantidad por usar la tarjeta de la empresa... Con decir que me da miedo coger caramelos del bote que tienen en la mesa no sea que me los cobren... Y sí, son modernos. En un mundo como este donde todo el mundo te cobra hasta por respirar, no iban a ser ellos menos. Modernos, que son unos modernos.

Cómodos ya digo yo con toda rotundidad que sí que lo son. O eso, o son adorables y están siempre echándonos de menos. El mes pasado hicimos tres transferencias, que uno dice que suerte tengo, gracias a mi banco de mi alma, aquí desde casita me meto en la web y hago mis transferencias bien a gustito. Rellenar los campos me llevó 5 minutos, dar al botón de enviar transferencia media hora. O toda una vida si la única hormona activa en mi cerebro a esa hora no me hubiese advertido que era mejor dejarlo estar. Que me perdonen los chinos por esto que voy a decir, pero estuve un buen rato cagándome en el chino de dentro de mi ordenador. Es que yo creo que dentro de los ordenadores hay un chino que según el día hace que internet vaya más rápido o menos. Pero eso es una larga historia y además son neuras mías. Pero no, al día siguiente fui a mi banco y allí me aclararon que era un problema con mi clave. Encantadores como son, me lo solucionaron y me hicieron las transferencias. Lo que dije antes, son adorables, y también cómodos.

Asentados están,  Y comer, me comen mejor que un cura después de Pascua. Con decir que este año ya se han comido dos bancos...Y ágiles también, más que una pantera. Al llegar a casa después de haber hecho las transferencias, entro a ver la cuenta y veo que me han cobrado 80 céntimos por cada una de ellas. Total: 2,40 euros. Estas cosas me emocionan. Ni en casa me quieren ver tan a menudo. Se hacen querer. Me emociona aun más, imaginar la cara de mi socia entrando a la sucursal por segunda vez en el día. Conociéndola, creo que entraría con una caja de bombones en la mano. Y no, el término bombones no hace referencia a lo que estabais pensando.

Pero sé que nos ayudarán cuando lo necesitemos. Su dinero nos está esperando. Serán claros, honestos, nos trataran como amigos. Como harán con vosotros. Y si sois empresarios, fomentarán que emprendáis, ayudarán a crear tejido empresarial de futuro, no os apretarán si los comienzos no son buenos o si os viene una mala racha. Sé que lo sabéis, como yo lo sé. Porque es mi banco, y el de mucha gente. Como otros bancos. Como todos. Y es que, qué sería del mundo sin los bancos de las plazas.

Manuel SánchezComentario